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ICOD DE LOS VINOS

Diseñada por Pascual González
Regalado. El color granate representa la savia del drago, el árbol emblemático
del municipio, mientras el blanco simboliza las nieves del Teide.
Sus orígenes
los encontramos en las postrimerías del s.XV, con el asentamiento de los
primeros colonos, el acondicionamiento de tierras agrícolas, la apertura de vías
de comunicación y la construcción de viviendas.
Con anterioridad habitaban este territorio los indígenas del menceyato,
descendientes del grupo tribal de los Ycodes.
El río de Ycoden marca el emplazamiento, por la abundancia de
aguas y riqueza de sus bosques. Se instala allí el templo de San Marcos a
finales del s.XV, para venerar la imagen del titular que ya poseían los guanches
desde antes de la conquista.
Caña de azúcar, viñedos y cereales son los primeros cultivo s
en
sus tierras, lo que genera una riqueza manifestada en la magnificencia de las
casas que se van levantando. Se establecen las
primeras industrias: ingenio azucarero, molinos de agua, vidrio, etc.
La trama urbana queda definida en el s.XVII, al dictado de
los monasterios religiosos fundados por agustinos y franciscanos.
Su importancia se acrecienta hasta alcanzar la capitalidad
del Partido de Daute, consecuencia de su
elevado número de habitantes, junto con su riqueza y prosperidad
tanto agrícola como comercial.
LA GUANCHA


En ambos, el blanco representa el
agua de la fuente que, según la leyenda, dio nombre al municipio, así como la
riqueza acuífera que posee. El verde se refiere a las huertas y campos que
circundan la localidad y al pinar que se extiende a los pies del Teide.
Desde el
campamento de los conquistadores, establecido donde hoy están Los Realejos,
partieron diversos grupos para tomar posesión de las tierras. En su camino
llegaron a lo que es hoy Santa Catalina.
A estos lugares arribaron varias familias, principalmente de Gran Canaria,
varias de ellas de origen portugués, que con el tiempo edificaron una ermita a
Sta. Catalina en 1510. Este núcleo poblacional se fue extendiendo, alcanzando el
lugar donde los soldados del conquistador hallaron una indígena junto a una
fuente, que pasó a denominarse la Fuente de la Guancha.
También allí se edificó un templo dedicado al Buen Jesús, que
fue declarado parroquia en 1630 bajo el título de Dulce Nombre de Jesús, con lo
que se independizó de este modo del Beneficio de San Marcos de Icod.
Constituida La Guancha en municipio, se edificó el
Ayuntamiento y la Alhóndiga, caserón incendiado en 1888, con loq ue se perdió
una valiosa documentación.
Este municipio vivió muy aislado hasta que en 1931 llegó la
carretera de Icod al casco del pueblo.
LA LAGUNA
Es el 9 de julio de 1497 cuando aparece de forma
oficial, por primera vez, el lugar de La Laguna, en el momento en que el
Adelantado Alonso Fernández de Lugo designa a los seis regidores y jurados que
formarían el primer ayuntamiento.
El año precedente de 1496, fue el de la fundación de la ciudad, pues comenzó el
asentamiento de soldados y civiles en los alrededores de la iglesia de La
Concepción, donde por vez primera se celebrara aquel año la fiesta del Corpus.
Pero este asentamiento en lo que se conocería como la Villa
de Arriba, sólo duraría tres años. Las construcciones carecían de consistencia;
las fangosas aguas del lago que formaban las abundantes aguas casi continuas de
los barrancos hacían insalubre el lugar; el Adelantado pretendía, posiblemente,
formar una corte con las familias más distinguidas... Todo ello trajo consigo la
prohibición, a partir de abril del año 1500, de permitir más edificaciones en el
sitio original. Los nuevos edificios habrían de levantarse desde el hospital de
Santispíritu hacia el lugar de Abajo.
En 1510 ya tiene el título de ciudad y la distinción de Muy
Noble y Leal desde 1534; su Cabildo actuaba como tal desde 1497, rigiéndose por
sus propias ordenanzas desde los primeros momentos y a las parroquias de La
Concepción y de Los Remedios se suman pronto fundaciones conventuales.
La pujante ciudad se va configurando paulatinamente y con
cuidado, de forma que "esté junta y no derramada"; así que desde la segunda
década del s. XVI ya quedará prácticamente definido el casco de la ciudad que
aparece en el plano de Torriani de 1590.
Tal y como señala Adrián Alemán en su Guía de La Laguna
(1986), en tres aspectos destaca la ciudad. Primeramente, en la militar; ya
desde sus inicios se encuentra presente el ejército, formado originariamente con
los hombres que participaron en la conquista. Esta presencia, con distinta
intensidad, se mantuvo a lo largo de los años, residiendo en La Laguna la
Capitanía General de las Islas, trasladada aquí en 1723.
En segundo lugar, destaca como centro religioso de la Isla. A
las parroquias primeras se unen muchas ermitas y, sobre todo, conventos
religiosos: agustinos, dominicos, jesuitas, belemitas y órdenes femeninas fundan
en La Laguna sus conventos. Esta importancia culmina con la creación,en
1818-1819 de la Diócesis Nivariense, que fija su sede en la ciudad.
Por último, en el terreno de la enseñanza también ha
destacado ya que desde sus inicios contó con escuela, ampliada con diversos
grados académicos y de estudios que aportaban los conventos hasta la definitiva
creación de la Universidad de San Fernando de La Laguna en 1927.
Su importancia conoció un cierto declive, sobre todo en
aspectos administrativos, con la creciente pujanza de Santa Cruz de Tenerife,
principalmente tras la erupción volcánica del s.XVIII (1706) que cegó el puerto
de Garachico.
LA MATANZA DE ACENTEJO
Corría
el año 1494, cuando las tropas de Lugo avanzan por el barranco de Acentejo.
Hacía un año que había desembarcado en Añaza, tras la conquista de La Palma. Por
su parte, Bencomo había convocado a todos los caudillos guanches de la Isla a
una reunión en Araotava para tratar de frenar al invasor. A sus órdenes se
pusieron los de Tacoronte, Tegueste y Anaga, así como Zebenzui. Bencomo decide
enviar a su hermano Tinguaro al encuentro de las tropas extranjeras.
Y en lugar de Acentejo se encuentran ambos ejércitos. Muchas descripciones han
quedado de esta batalla sangrienta en la que murieron muchos de los invasores y
de los aborígenes, lo que dio nombre al lugar y supuso para aquéllos una gran
derrota.
Finalizada la conquista, comienza el asentamiento en tormo a
la iglesia que, bajo la advocación del Salvador, fue erigida en parroquia en
1615 por el obispo don Antonio Carrionero.
Existió aquí un hospicio franciscano, de tres frailes,
suprimido por real cédula en el s.XVII.
También se levantaron varias ermitas: la de San Antonio,
próxima al lugar de la batalla; la de San Diego hacia el mar, y la de la Cruz
del Camino.
A principios de este siglo, le fue concedido el título de
Villa Histórica, siendo cuna de pesonajes ilustres como el Teniente General,
Antonio Benavides, nacido en diciembre de 1678, quién tuvo a su cargo
importantes misiones militares en tierras americanas.
LA OROTAVA
Dada su importancia como núcleo poblacional aborigen
es fácil deducir la abundancia de restos arqueológicos en el municipio: cuevas
sepulcrales como las de Roque Blanco o la del Barranco de la Arena, y
yacimientos en Playa del Bollullo,Tigaiga, Montaña de los Pinos,etc.
Toda La Orotava, en especial su casco más antiguo, constituye
un centro de especialísimo interés cultural: La iglesia de La Concepción
conserva importantes obras de arte, al igual que la parroquial de San Juan
Bautista del Farrobo. Y hay que visitar la iglesia y convento de San Agustín, el
de Santo Domingo (antiguo San Benito), la iglesia de San Francisco, así como las
edificaciones civiles tales como las Casas de los Balcones, las de Mesa, Molina,
Ponte-Fonte, Monteverde, Ascanio Monteverde ( Liceo Taoro ) etc.Son hermosas las
plazas del Ayuntamiento y la Constitución.
LOS REALEJOS
Según Viera y Clavijo, el nombre de Realejo de Arriba
y Realejo de Abajo se debe a la posición ocupada por el ejército conquistador y
el de los aborígenes en las últimas etapas de la conquista de Tenerife, ya que,
al parecer, fue aquí donde se llevó a cabo la rendición de los caudillos
guanches encabezados por Bencomo.
Por haberse realizado esta el 25 de julio de 1496, decidieron los españoles
levantar en el lugar una iglesia dedicada al Apóstol Santiago, que fue la
primera parroquia con que contó Tenerife y donde recibieron las aguas
bautismales los nueve menceyes y otros destacados indígenas.
Pero el Adelantado dejó sin agua a este Realejo Viejo de
Arriba, para llevársela a su ingenio azucarero a cuyo alrededor se fue
desarrollando el Realejo de Abajo. Para atenderlo espiritualmente, se creó la
parroquia de Nuestra Señora de la Concepción.
Ambos Realejos tuvieron sus respectivos alcaldes reales,
escribanos y síndico del lugar, así como sus alguaciles y sus alhóndigas. Y en
ellos se establecieron pronto los conventos de religiosos de San Agustín y de
San Francisco, así como uno de monjas de San Agustín.
La riqueza de la comarca vino por la caña de azúcar en el
s.XVI; viñas y vino, en el XVII y parte del XVIII; la cochinilla en el XIX y la
platanera en el XX.
Por decreto de 23 de diciembre de 1954, se accede a la
petición de los hasta entonces dos municipios, de fundirse en uno solo con el
nombre de Los Realejos.
LOS SILOS
La actual Villa de Los Silos fue fundada en
territorios del prehispánico reino de Daute y fue creada, poco tiempo después de
la conquista, debido a la riqueza de la zona.
El primer poblamiento se realizó por castellanos, catalanes, extremeños,
portugueses y genoveses, a los que se unieron herreños, gomeros y gran canarios.
El nombre de Los Silos se debe a los tres depósitos para
cereales construidos por el portugués Gonzalo Yanes o Gonzalianes; tal
denominación aparece ya en 1509 y nos habla de la actividad principal de la
localidad: la agricultura, con excedentes de cereales destinados a la
exportación; fueron también, a lo largo de los años, productos de la tierra la
caña de azúcar (contó con varios ingenios ), vid y la seda proveniente de la
cría de gusanos.
Inicialmente, mediado el siglo XVI, existió una ermita
dedicada a La Concepción en la hacienda de Gonzalo Yanes; pero, debido
probablemente a problemas con el hacendado, los vecinos deciden erigir una
iglesia bajo la advocación de Nuestra Señora de La Luz, que en 1605 accede a la
categoría parroquial, con la aprobación del obispo don Francisco Martínez,
segregándose del beneficio de Buenavista.
También desde el s. XVI posee la localidad un alcalde real,
dependiente del Cabildo de La Laguna, designado por el Corregidor de la isla.
Del s. XVII es la fundación del convento de bernardas, debida
a Sebastián Pérez Enríquez y Luisa Francisca Montañés, su esposa.
PUERTO DE LA CRUZ
Dentro
del término municipal hay restos arqueológicos que hablan de la presencia
aborigen antes de la conquista. Acabada esta y establecida la capital en La
Laguna, se ordena la construcción de un muelle en La Orotava en 1506.
Este puerto contaba con escasa población en el s.XVI, que se
dedicaba a la actividad comercial. Fue sólo a principios de la siguiente
centuria cuando Juan Antonio Franchy Lutzardo obtiene comisión del Ayuntamiento
de La Laguna para formar población, señalar sitios, arrifar calles y fabricar
una iglesia con su plaza.
De 1603 data la edificación del templo parroquial bajo la
advocación de Nuestra Señora de la Peña de Francia.
La caña de azúcar declina y surge el monocultivo del vino que
desde aquí se exporta a Inglaterra, por lo que comerciantes de aquel país se
establecen en la localidad. Su importancia aumenta al desaparecer el puerto de
Garachico, tras la erupción volcánica de 1706. Este siglo XVIII marca notables
transformaciones urbanísticas y obras públicas.
El desarrollo de Santa Cruz de Tenerife, unido a las crisis
de los monocultivos, hace declinar este municipio hasta el boom del turismo,
sector en el que brilla con luz propia ya que no en balde recibía visitantes
extranjeros desde muchos años antes, con edificaciones hoteleras a ellos
destinadas.
SAN JUAN DE LA RAMBLA

El actual
municipio se encuentra en la antiguamente llamada Comarca de Icode que formaba
parte del menceyato del mismo nombre.
Estas tierras fueron repartidas por el Adelantado tras
finalizar la conquista a quienes habían colaborado en ella; se dieron cita aquí
conquistadores peninsulares y canarios, junto a los esclavos africanos traídos
para las labores más duras.
Fue Martín Rodríguez, considerado fundador del pueblo, quien
erigió la primera ermita, dedicada a San Juan, hacia 1530; sobre 1558, fue
ampliada y a finales de esta centuria funciona como parroquia independiente de
las del Realejo. Otras ermitas se fueron levantando en los distintos
asentamientos: la de Santa Catalina (1519) y la de San José, ya en el siglo
XVIII.
El municipio contó con dos fuentes importantes de economía,
una en cada de sus zonas baja y alta: el vino y el trigo. Tanta importancia
tenían que en los testamentos extendidos aquí suele haber una cláusula para que
en los funerales se hiciera una ofrenda de estos productos. Uno de los lugares
de embarque para la exportación era el puerto de Las Aguas. La creación de la
alhóndiga estuvo vinculada a la actividad agrícola. Esta actividad se prolongó
hasta el presente siglo.
SAN MIGUEL DE ABONA


El término
municipal cae dentro de lo que fuera la zona de Abona, habitada por los guanches
antes de la conquista.
Su historia como municipio independiente no comienza hasta
finales del s.XVIII, ya que no fue sino en julio de 1798 cuando se segrega de
Vilaflor (Chasna). Esto sucede sólo dos años después de conseguida la creación
de su parroquia, como sucediera a Arona, Fasnia y Arafo. Hasta ese momento, sus
feligreses tenían que acudir a los oficios en la vecina Granadilla. Sin embargo,
Millares Torres da como fecha de la erección de su parroquia el 19 de marzo de
1799, especificando que su ermita fue luego reedificada con una amplia nave y
cuatro capillas colaterales.
Al igual que el resto de localidades de la zona, su principal
lucha fue contra la incomunicación con el resto de la isla en primer lugar; una
batalla que sólo alcanzó la victoria en los años cuarenta del presente siglo.
La segunda conquista por la que tuvieron que luchar los
habitantes de este municipio fue por el agua que conseguiría hacia la mitad de
la centuria actual.
SANTA CRUZ DE TENERIFE (capital)

Concedida por el Rey Carlos IV en 1803
Antes de la
conquista, las tierras que hoy ocupa este municipio formaron seguramente el
reino de Anaga, siendo Añazo el nombre de lo que es actualmente la ciudad
capitalina. Un nutrido grupo de guanches vivía en las cuevas del Barranco de
Santos, precisamente por el sitio donde penetrara Fernández de Lugo. En el
barrio del Cabo actual, plantó el conquistador la cruz, formándose en torno suyo
el núcleo originario de la capital.
Surgen pronto dos edificaciones religiosas, una ermita y la
iglesia que iría derivando del altar que se levantó en el campamento. Esta
iglesia no recibiría el nombre de La Concepción de forma oficial hasta 1638,
aunque en 1636 es cuando consta por primera vez tal denominación. Inicialmente
fue parroquia auxiliar de la de igual nombre en La Laguna, con unos principios
muy pobres y modestos. Fue erigida en parroquia por cédula de 5 de diciembre de
1533, aunque, según los datos de su archivo, no se llevó a cabo tal jerarquía
hasta el año 1539.
Los últimos años del s.XV, marcados por los hechos de la
conquista, suponen la formación paulatina de una sociedad heterogénea, integrada
por soldados, marineros, mercaderes y los propios guanches que se integran en
ella.
Comenzando el s.XVI cuenta Santa Cruz con un desembarcadero
de tres peldaños y empieza a ser codiciada por su valor estratégico como escala
para las rutas de América. Ello supuso la necesidad de fortificarse; ya en 1464,
Sancho de Herrera había levantado una torre y una segunda la edificó el
Adelantado en 1494. El desparecido castillo de San Cristóbal se hizo en 1570,
durante el reinado de Felipe II, y en 1648 se construyó el de San Juan. También
de este siglo es el castillo de Paso Alto, al que siguieron otras obras de
defensa en las centurias del XVIII y del XIX.
El muelle recibe un importante impulso en el s.XVIII, sobre
todo tras la desaparición , en el norte de la isla del de Garachico por la
erupción del volcán, y toda la centuria del XIX se consagra a su mejora y
ampliación.
Este auge del puerto supone una importante riqueza para la
ciudad, que se engalana con hermosas edificaciones señoriales y la presencia de
numerosas iglesias y conventos. Los principales organismos se van trasladando a
ella; así, los capitanes generales, que residieron en Gran Canaria hasta 1661 y
en La Laguna hasta 1723, fijan su sede en Santa Cruz.
En octubre de 1803, Carlos IV, por Real Cédula, le concede el
título de Muy Noble, Leal e Invicta Villa de Santa Cruz de Santiago, con lo que
se independiza de La Laguna. Tras diversos intentos, el título de ciudad lo
consigue mediante Real Decreto de 29 de mayo de 1859. También en este siglo
obtiene la capitalidad del Archipiélago, hasta la división provincial de su
nombre integrada por las islas de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro.
SANTIAGO DEL TEIDE

Los nueve triángulos (calificados
de nueve "teides") representan a los núcleos de población del municipio.
Denominado con
anterioridad Valle de Santiago, el municipio de Santiago del Teide pertenecía,
según J. Bethencourt Afonso, al menceyato de Adeje. Se conservan abundantes
huellas de este pasado prehispánico.
Acabada la conquista se conceden los primeros repartimientos
de tierras. El extremeño Juan Cabeza es el beneficiario de una data en esta zona
hacia 1508.
Desde muy antiguo hubo en estos parajes una ermita cuyo
titular era Santiago; en 1676, el obispo Bartolomé García Jiménez comprendió la
necesidad de crear una parroquia en la región, sin depender de la de Buenavista,
y realizó las gestiones necesarias ante la Corona, que dio su aprobación.

El Señor del Valle de Santiago (Señorío constituido por Cédula de 3 de julio de
1663), don Fernando del Hoyo y Solórzano, se ofreció a la construcción de una
nueva iglesia, dedicada a San Fernando, a la que se incorporaría la antigua
ermita de Santiago. Así las cosas, la parroquia se crea el 9 de septiembre de
1679.
El municipio nació como tal en la etapa constitucional;
también a principios del s.XIX se extingue el Señorío de Valle de Santiago, por
las Cortes de Cádiz.
Santiago del Teide conoce un importante despegue cuando hasta
él llega la carretera en 1930 y con el alumbramiento de galerías de agua hacia
1950, junto con la aparición del turismo en la década de los sesenta.
TACORONTE
Tacoronte
sigue conservando su primitivo nombre. Constituía uno de los reinos gobernados
por un mencey que, según Viana y Viera, se llamaba Acaymo y destacó por su
valentía y amor a su pueblo.
El mencey representaba una institución aborigen que administraba su territorio
en coordinación con un concejo de ancianos llamado "Tagoro", lugar de reunión
del menceyato.
El fundador de Tacoronte se llamó Sebastián Machado, natural
de Guimaraes (Portugal). Vino a Canarias y, como su padre, tomó parte en la
conquista de Tenerife. En 1496 fija su residencia en esta zona, donde había
recibido extensas datas en el repartimiento de tierras.
La población se asentó en torno a la primitiva ermita que,
según Millares Torres, fue parroquia desde poco tiempo después de la conquista.
Hay quienes atribuyen a Sebastián Machado la edificación de este modesto templo;
y hay quienes sostienen que fue su fundador el propio Adelantado, Alonso
Fernández de Lugo, o los pocos vecinos iniciales del poblamiento.
Tacoronte se constituye en municipio, como otros tantos de
las Islas, en 1812 y en 1911 (23 de marzo), el rey Alfonso XIII le concede el
título de ciudad "por el desarrollo de su agricultura, industria y comercio y su
constante adhesión a la Monarquía constitucional."
Persona relevante del pueblo y conocido universalmente fue el
pintor Oscar Domínguez (1906-1957), quien dejó la impronta de su arte en el
campo del surrealismo.
TEGUESTE
El municipio de Tegueste se encuentra enclavado en el valle que da nombre a la
región y que antaño fuera dominios del menceyato del mismo nombre. Es importante
su pasado prehispánico.
Finalizada la conquista, se reparten datas en esta zona; y, según narran las
crónicas, apenas treinta años después, cuando todavía "los guanches saltaban los
riscos del Lagarete en el Agua de Dios y moraban en sus cuevas, los
conquistadores, dueños ya del tierra, eligen como su santo patrón al evangelista
San Marcos, " ( J.D. Darias Hernández).
La primera iglesia parroquial de este santo (séptima hijuela
de La Concepción de La Laguna), fundada por María Hernández de Vera, parece que
fue construida con anterioridad a 1530; pero por estar situada entre dos
barrancos y ser pequeña para la feligresía, es trasladada; la creación del
curato se hizo en 1606 por el obispo Martínez de Ceniceros.
Tegueste es una comarca agrícola y ganadera, especialmente de
ganado vacuno, pues es el que se le asigna por la abundancia de pastos, aguas y
bosques.
En el s.XVI (1583) la Real Audiencia celebra aquí dos
reuniones, huyendo de la epidemia de peste que azotaba la isla.
Hay un gran silencio sobre este término durante los siglos
XVII, XVII y prinicpios del XIX; al comienzo de este último, alcanza su
independencia municipal con la Constitución de 1812.
VILAFLOR
Tras
la conquista de Tenerife (1.496), es conocida la presencia de conquistadores en
estos parajes desde 1.501, cuando el Adelantado Alonso Fernández de Lugo otorga
tierras a varios de ellos en el Lugar de Chasna, entre los reinos de Abona y
Adeje.
Será en 1.602 cuando tras varios cambios de titularidad, el
capitán Pedro Soler, convierte el heredamiento en un mayorazgo, el Mayorazgo de
los Soler.
De vital importancia se convierte el Camino Real de Chasna,
que partiendo de la Orotava, cruzaba las Cañadas y llegaba a Vilaflor, lo que
constituye al pueblo como un punto de paso casi obligado.
Dice la tradición que el nombre le viene de la exclamación de
un castellano, Pedro de Bracamonte, ante la aparición de una bella guancha: "Vilaflor
de Chasna".
Ya desde 1.550 existía aquí una ermita dedicada a San Pedro.
Pero fueron Pedro Soler y su mujer Juana Padilla quienes fundaron un templo bajo
la jurisdicción de este templo a todos los lugares de la comarca.
En Vilaflor nació el hermano Pedro de Bethencourt, fundador
de la Orden de los Bethlemitas, canonizado recientemente por el Papa Juan Pablo
II.
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