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La cultura canaria es una muestra
de la confluencia de culturas. Esta circunstancia se puede comprobar en
sus juegos, que tienen dos puntos de referencia más acusados: la cultura
aborigen y el conjunto de las culturas peninsulares; la primera como
sustrato, y la segunda como aportación de la expresión del juego de la
Península Ibérica en nuestras islas.
Entenderemos por juegos las diferentes actividades recreativas organizadas que
son una muestra más de las ideas, comportamientos y organizaciones propias del
ser humano, de sus grupos y sociedades. Distinguiremos entre juegos aborígenes y
juegos tradicionales para indicar su valor histórico, frente al valor de lo
tradicional de otros juegos que se fueron incorporando paralelamente.
Emplearemos genéricamente la denominación de juegos tradicionales canarios, pero
con la intención de incluir en este concepto el conjunto de los juegos
aborígenes y los juegos posteriores a la Conquista; además, debemos distinguir
también los juegos tradicionales infantiles, aunque no serán tratados en esta
ocasión.
Los juegos tradicionales canarios se han configurado, al igual que en otras
culturas, a partir de algunos parámetros antropológicos, que han supuesto los
elementos necesarios para su conceptualización. Los parámetros ideacionales como
el símbolo, el mito, los valores, el ritual y la fiesta, así como los
estructurales como el rango, el reparto de bienes, apuestas y premios, son
motores de nuestros juegos tradicionales.
Dentro de los juegos tradicionales canarios encontraremos algunos ya existentes
en tiempos remotos y pertenecientes a una cultura muy alejada de las culturas
europeas, pero también juegos que, gracias a la geografía isleña, se anclaron en
el tiempo de la conquista de Canarias, hace ya cinco siglos; estos últimos nos
demuestran también la fuerza de difusión de uno de los motores de la cultura más
idóneo de transmisión: el ludismo.
Se recopilan, brevemente, 16 juegos que constituyen todo el conjunto de los
juegos tradicionales canarios de adultos, y algunos de jóvenes, y que tienen, a
su vez, como denominador común la actividad física.
Los juegos aborígenes canarios
Antes de la llegada de los conquistadores, la cultura aborigen canaria poseía,
con alguna excepción, unos juegos estrechamente vinculados a aspectos
funcionales. Siempre se trata de juegos simples, ya que no se conocen juegos de
organización colectiva.
Es importante situar la cultura aborigen canaria en su contexto cultural y en un
nivel de evolución que nos permita comprender el porqué de sus juegos. En primer
lugar, hemos de apuntar que la cultura aborigen canaria se relaciona con una
cultura norteafricana de tipo bereber, que no se asocia a un momento histórico
único sino a diversas oleadas que supusieron una recepción tardía de
manifestaciones mediterráneas y atlánticas.
Se puede sugerir la hipótesis de que los aborígenes poseyeron juegos propios en
este período histórico poco influidos por juegos pertenecientes a otras
culturas. Téngase en cuenta que no tenemos información acerca del aspecto lúdico
de las actividades realizadas por los aborígenes, por lo que hemos de comprender
el carácter universal del juego en las culturas; o lo que es lo mismo: todas las
culturas juegan.
En cuanto a la difusión de juegos foráneos, consideramos que se hubiera
necesitado no sólo el contacto cultural, del que ya existe conocimiento en la
Antigüedad y en la Baja Edad Media, sino también el asentamiento de otros grupos
en nuestras islas, lo cual no sucedió hasta comienzos del siglo XV.
La complejidad del mapa de nuestros juegos aumenta con la llegada en 1402 de
Jean de Bethencourt, barón normando al servicio de Juan de Castilla. Con él se
inicia la conquista de las Islas, que concluyó en 1496. Este hecho supone el
comienzo de la entrada paulatina de otros pobladores, primero de los normandos e
inmediatamente de los castellanos. El flujo de pobladores peninsulares fue una
constante, frenada solamente por el descubrimiento de América.
Los juegos que practicaba la cultura aborigen han llegado a nosotros a través de
diversas fuentes, muchas veces presentadas en forma de breves referencias que,
en la mayoría de los casos, nos ofrecen una información muy limitada.
Desde el punto de vista del concepto «juego», es necesario precisar que
barajamos una idea genérica de juego, en la que incluiremos tanto las
«actividades físicas», imposibles de desligar en los primeros grados de
evolución cultural de muchas prácticas funcionales, como las prácticas lúdicas
en sí mismas.
Los juegos de los aborígenes canarios eran de participación individual y de
enfrentamiento con un oponente. Es un punto de gran interés comprobar que no
existieron juegos de carácter colectivo, lo que podemos explicar porque los
juegos motores de estrategia se relacionan más con culturas de mayor complejidad
en su organización social.
El grupo de juegos que consideraremos en este apartado son los siguientes:
lucha, juego del palo, lanzamiento y esquiva de piedras, pulseo de piedra, salto
del pastor, y salto de vara. No incluiremos en esta ocasión otras actividades
físicas, de las que no existe evidencia de que hubieran podido ser juegos, como
ocurre con los casos de la ascensión de maderos y troncos a riscos, el nado, y
la carrera.
Lucha Canaria
Este es uno de los juegos más reflejados en las fuentes documentales; podemos
decir que su práctica entre los aborígenes canarios era algo común en las
fiestas; sin embargo, esto no quiere decir que la estructura actual de la lucha
se asemeje a lo que debió ser la lucha del aborigen, que nos es desconocida.
En la Crónica Real de Juan II de Castilla (1420), de Alvar García de Santa
María, se narra una embajada del obispo Fray Mendo, a cargo de Diego Fernández,
en solicitud de ayuda para Lanzarote. En dicha embajada viajaron dos canarios de
la isla de Gran Canaria convertidos al cristianismo.
«(...) que eran cristianos el uno era el gran luchador; Maguer que era de
cuarenta años no había en la corte quien luchase con él».
Fray Alonso de Espinosa en su obra Historia de Nuestra Señora de Candelaria
(1594) nos cuenta, a propósito de las costumbres de los aborígenes canarios,
cómo la lucha era una manifestación de sus fiestas: « ... y aquí mostraba cada
cual su valor, (...) con mucha ligereza y mudanzas, luchar, (...)».
En el año 1527, con motivo del nacimiento de Felipe II, se celebraron en La
Laguna unos juegos, en los que se incluye la lucha, y en la que ya se aprecia un
aspecto elemental de la estructura actual de la lucha canaria: dar dos caídas o
vencer dos veces.
«Habrá luchas, y el luchador que venciere a tres, dando a cada uno dos idas sin
recibir ninguna, ganará dos varas de la misma seda. El día del Corpus se
duplicarán los festejos (...)».
Hasta el final del primer tercio de este siglo la organización de los
enfrentamientos correspondía a un modelo evolutivo natural, consistente en la
competición de unos pueblos o bandos (norte-sur) contra otros, o de unas islas
frente a otras.
Curiosamente, la lucha vio nacer su primer reglamento en Matanzas (Cuba), en
1872. Y ha sido más recientemente, en el año 1960, con el Reglamento General
Orgánico, cuando se consensuó un reglamento común para todas las islas.
La lucha canaria es un deporte de oposición que se fundamenta en el
enfrentamiento de dos adversarios, los cuales desde una posición inicial de
bipedestación y agarrre a la boca-manga del pantalón, procuran, durante un
tiempo no superior al minuto y medio, sin salirse de un terrero circular,
desequilibrar para hacer tocar al contrario con cualquier parte del cuerpo que
no sea la planta de los pies y utilizan para ello una serie de «mañas» o
técnicas, tanto de manos como de pies o combinadas y en las que está prohibido
el golpeo.
Existen varios sistemas de lucha: por equipos, ya sea a tres agarradas, lucha
corrida, o todos contra todos; enfrentamientos individuales, por pesos,
categorías o desafíos. La forma más habitual se desarrolla entre dos equipos,
por lo general de doce luchadores cada bando, enfrentándose individualmente. .
Juego del palo o palo canario
El Juego del Palo Canario es un
enfrentamiento lúdico con palos entre dos jugadores que se marcan
(señalan) y se defienden (atajan) de golpes retenidos, evitando hacerse
daño.
Según los libros de historia, sus orígenes se remontan a los juegos y
combates que realizaban los antiguos indígenas pobladores de las Islas
Canarias (Los Guaches.) Quizás esta practica lúdica deportiva era la
mejor manera que tenían estos nativos de prepararse para la guerra. De
hecho, existen muchas crónicas de la época de la conquista de las islas,
que nos hablan de los cruentos combates que sufrieron los Castellanos
contra los Guanches, poniendo en evidencia la maestría que poseían estos
hombres esgrimiendo sus palos. Posteriormente su uso languideció por la
prohibición impuesta por los gobernadores para entrar en las poblaciones
portando palos. Y de esta forma, el arte pasó a practicarse únicamente y
de forma ilegal en las zonas rurales y en círculos familiares muy
cerrados. Su uso se ha mantenido intacto hasta nuestros días por unas
pocas familias de pastores y campesinos que han sabido conservar estas
técnicas durante siglos. Los abuelos transmitían su sabiduría a sus
nietos y estos a sus hijos. Todavía algunos viejos maestros recuerdan
como sus padres y abuelos se manejaban con palos y se enfrentaban entre
ellos, para decidir la propiedad de los animales y las zonas de
pastoreo, retándose en singulares desafíos o bien para bajarle los humos
a alguno: Y es que en aquel entonces era costumbre que los mozos de cada
familia demostraran su habilidad en las romerías populares que se
celebraban en los pequeños pueblos y en numerosas ocasiones tenían que
hacer frente a duelos por las rencillas que existían entre las familias.
Aunque en cualquier lugar podía producirse una pelea , los bailes eran
el lugar preferido. Bien por una simple provocación o por los celos con
alguna mujer, lo cierto es, que a muchos de estos hombres les parecía "
Que si no había pelea, eso no era una fiesta".
Con el inicio de la guerra civil española y con la llegada de la
dictadura, este arte popular fue nuevamente prohibido y olvidado.
Solamente unas pocas familias mantuvieron este conocimiento intacto.
Cada clan familiar desarrolló un estilo personal y muy peculiar de usar
el palo. Unos estaban especializados en la larga distancia. Otros en la
corta y otros lo empleaban como defensa contra las armas blancas. En la
actualidad existen varios estilos identificados, Deniz, Verga, Garafiano,
Morales, Vidal, Conejero, Quintero y el estilo Acosta. Cada uno de estos
estilos muestran diferencias técnicas que se pueden fácilmente apreciar
a simple vista. Esta riqueza técnica y la diversidad de escuelas, es
parte de la grandeza de la cultura marcial de las Islas Canarias.
Muchos piensan que por su nombre, el juego del palo es simplemente un
juego o un deporte. Y que recibe el nombre de Juego, porque lo que se
intenta es demostrar la habilidad y el control de dos contendientes que
únicamente se marcan. Marcar los golpes no significa ir despacio o sin
fuerza. Un maestro de palo canario tiene una habilidad y una precisión
tremenda y si quisiera dejarte K.O no le costaría lo más mínimo, aunque
tu fueras armado con el mejor Bo. Este es un arte de caballeros donde lo
que cuenta es el control físico para nunca herir a la otra persona.
Los palos están curtidos al fuego y cualquier golpe dirigido hacia un
punto vital del cuerpo podría ser sumamente peligroso. Así, que para
practicar se marcan los golpes y se busca hacer un trabajo continuado.
Durante el desarrollo del juego hay una persona que hace la función de
mediador o de arbitro, que procura que este se realice con nobleza y de
forma tradicional. A esta persona se le denomina Hombre bueno y su
autoridad es in cuestionada, siendo desempeñada por el maestro más
viejo. Lo de Juego, es simplemente un nombre, no su descripción. El Judo
por ejemplo, no deja de ser un arte marcial por el hecho de llamarse
camino de la suavidad. Y nadie duda de la eficacia del Karate como un
arte marcial para la autodefensa por el simple hecho de que los
contendientes detengan sus golpes a escasos centímetros de su objetivo.
En el Juego de Palo Canario se emplean tres tipos de palos según su
medida. Uno corto o chico que se puede llamar de varias formas (palo
chico, macán, bastón, palo camellero o boyero) y se utilizaba como una
herramienta de trabajo por los camelleros para guiar a sus animales.
Quedan muy pocos indicios de la técnica y uso de este tipo de palo.
Luego esta la Vara, que tiene una medida desde la barbilla o hombro
hasta el suelo. Es el más conocido de todos y a la vez el más utilizado
en la mayoría de las islas. Se caracteriza por su gran plasticidad y
movilidad. Y por ultimo esta el Garrote o Lata, que es un palo más
pesado y sobresale por encima de la cabeza de un Hombre, siendo
originario de las islas de Gran Canaria y Fuerteventura.
"No todos los palos son iguales, no todos sirven para utilizarse de la
misma manera, no todos los alumnos llegan a ser maestros y no hay tantos
maestros como se cree".
Es sorprendente como en todos los continentes se han desarrollado
multitud de artes de lucha. Cada uno con sus características y
connotaciones propias, sin embargo todos ellos presentan aspectos
éticos, morales y filosóficos comunes. El juego del palo Canario no ha
sido ajeno a esta misma tradición marcial. Al igual que otras artes,
cuenta con la figura de un maestro, con una transmisión genuinamente
familiar, una nomenclatura propia, una vestidura tradicional, y sobre
todo una filosofía de respeto y ocultismo. Así que no es de extrañar que
todavía hoy día, los maestros escojan a unos pocos alumnos como
verdaderos transmisores de sus conocimientos.
Cuentan algunos maestros, que emigraron a Cuba para trabajar en la caña
de azúcar, como muchos nativos cubanos querían aprender el arte del palo
y recurrían a los canarios para que les enseñaran y estos se oponían,
porque era el único medio que tenían de defenderse del machete cubano y
por esto, los cubanos les tenían mucho respeto.
Los maestros, solamente enseñaban a los miembros de su familia y en muy
raras ocasiones a personas muy allegadas, porque sabían que un individuo
que supiera manejar bien el palo, podía ser capaz de luchar contra tres
o cuatro a la vez, incluso contra ellos mismos. Si había algún alumno
que mostraba ser demasiado espabilado, simplemente no les enseñaban,
porque se decía que venia "en busca del saber". Ya que estas técnicas,
en manos de un alumno que no demostraba el suficiente respeto, podían
ser utilizadas alguna vez sin dignidad y sin justificación. Para muchos
de ellos "La fuerza sin espiritualidad no era más que fuerza bruta".
El juego del palo es algo más que una exhibición, es un arte, una forma
de expresión, donde los valores del pueblo Canario están perfectamente
reflejados. Nobleza, respeto, humildad perseverancia, son cosas que solo
con el paso de los años se logra perfeccionar.
Lanzamiento y Esquiva de piedras
El lanzamiento y esquiva de piedras es otro de los juegos aborígenes
estrechamente ligados a una actividad funcional de carácter bélico. Existen
muchas referencias respecto a la enorme habilidad que poseían los aborígenes
canarios para el empleo de piedras como arma arrojadiza incluso labrando las
piedras que utilizaban para este fin. Cuenta Fr. Alonso de Espinosa, en 1594:
«(...) usaban de unas pelotas de piedras rollizas que tiraban con mucha fuerza».
Las referencia de esta actividad como juego es clara. Por una parte, encontramos
alusiones a la pugna:
«Pues su ligereza era tanta, que a diez pasos esperaban que les tirase quien
quisiese una piedra o lanza, y no había acertarles, porque hurtaban el cuerpo
con mucha destreza». (Espinosa, 1594)
También conocemos cómo hubo ocasión de servirse de esta habilidad para lanzar y
esquivar piedras con el fin de sacar beneficio.
«Antonio de Nebrija, en sus Décadas, cuenta de un canario que, sin mudar los
pies de un lugar, aguardaba que le tirasen a la cabeza a doce pasos, sin que le
hiciesen mal, diez y doce piedras, y que esto hacía todas las veces que le daban
un cuarto; y dícelo como admirado. Y canario hubo, que daba a tres hombres doce
naranjas a cada uno, y él tomaba otras doce, y tiraba a cada uno de ellos y las
empleaba todas, sin que ninguno de los otros que a él le tiraba, emplease en él
ninguna, si no fuese en las manos con que las recogía, y habían de estar
apartados diez pasos. Y todas las veces que querían, hacían estas apuestas».
(Abreu, 1602).
Una de las referencias más interesantes, no sólo para esta actividad sino para
el conjunto de los juegos aborígenes, es la que nos muestra el carácter
instructivo en la esquiva de pelotas de barro, con las cuales se iniciaba a los
niños en esta en la isla de La Gomera.
«Eran los gomeros gente de mediana estatura, animosos, ligeros y diestros en
ofender y defenderse, grandes tiradores de piedras (...) Acostumbraban los
naturales de esta isla, para hacer diestros y ligeros sus hijos, ponerse los
padres a una parte, y con pelotas de barro les tiraban, porque se guardasen; y
como iban creciendo, les tiraban piedras, y después varas botas y después con
puntas (...) Y éranlo tanto, que en el aire tomaban las piedras y dardos y las
flechas que les tiraban con las manos» (Abreu, 1602).
Este juego desapareció, probablemente tras la conquista de las islas, pues no se
ha encontrado ninguna referencia acerca de su práctica posterior.
Levantamiento o pulseo de piedras
El manejo de grandes piedras siempre ha sido una actividad habitual en el medio
rural, la cual derivó a una manera peculiar de cubrir el ocio por quienes
deseaban probar sus fuerzas levantando aquéllas. El levantamiento o pulseo de
piedra es una prueba de fuerza, con la que se medían los aborígenes canarios. Se
denomina pulseo, cuando debe levantarse la piedra sobre la cabeza sin tocar el
cuerpo, mientras que levantar la piedra permite el contacto con éste.
La primera y única referencia que aparece en los cronistas se debe a Fray Alonso
de Espinosa (1594); la descripción se refiere a los pobladores de Tenerife:
«Eran hombres de tanta ligereza que se cuentan algunas cosas de ellos casi
increíbles. Una piedra guijarro está en esta isla, en el término de Arico,
maciza, mayor que una grande perulera, la cual vide yo y es común plática entre
los naturales que con aquella piedra iban sus antepasados a probar sus fuerzas,
y que la levanttaban con las manos y la echaban sobre la cabeza a las espaldas
con facilidad; y ahora no hay hombre, por membruno que sea, que la pueda
levantar ni dar viento».
El levantamiento o pulseo de piedra se realiza con la piedra tal y como se
encuentra en la naturaleza, de ahí la gran importancia del agarre y poseer manos
grandes y fuertes. El pulseo se considera la forma más limpia de levantar la
piedra y concluye con la extensión de los brazos; también se puede realizar en
dos tiempos, el primero a la altura del pecho. En cualquier caso, siempre se
buscaba quien la pulseaba el mayor número de veces. En cuanto al levantamiento
de piedra, su técnica consiste en buscar un apoyo del cuerpo con el que servirse
para alzar el peso.
A veces, había piedras que eran destacadas por ser muy difíciles de pulsear,
como la piedra de los valientes (Arico) y la piedra de los mocanes, en Frontera
(El Hierro). En la actualidad, son pocos los practicantes de esta modalidad,
limitándose a demostraciones en eventos y exhibiciones.
Salto del Pastor
La denominación de salto del pastor proviene de la relación de esta práctica con
la tareas propias del pastor cuando acompaña a su ganado. Aparentemente, el palo
para realizar saltos es muy semejante al garrote empleado para el juego del palo
grande; la diferencia reside en la incorporación castellana del regatón, o pieza
de hierro, a modo de capuchón, que se sitúa en el extremo que se apoya en el
suelo, asegurándose así el mejor agarre.
Espinosa, en 1594, aporta la primera referencia acerca de esta práctica aborigen
en Tenerife:
«Otras mil gentilezas hacen, como es arrojarse peña abajo con una lanza muchos
estados, que, como son a todos notorias, no quiero gastar tiempo en
escribirlas».
El viajero portugués Gaspar de Fructuoso, a finales del siglo XVI, en la isla de
La Palma, describe la actividad con cierto lujo de detalles. Esta referencia,
junto a la de Verneau (1891), son las más definitorias de esta habilidad:
«Arrójanse con la lanza, llevada a lo largo del cuerpo del hombre, terciada de
manera que ponen un tercio primero en la tierra o piedra donde dan con una
contera de acero que trae la lanza, de un palmo de larga con su cubo, sin que
pueda desviarse de donde da, y aunque sea tres lanzas de alto se tiran abajo y
vienen a ponerse en el suelo con tanta facilidad, que parecen aves». (Gaspar de
Frutuoso, 1590).
Se conocen distintas formas de medirse los pastores a modo de juego, en las que
se cuentan proezas, como a saltar cada vez a mayor altura, o un salto desde lo
alto del campanario de la iglesia consiguiendo agujerear una moneda puesta en el
suelo; o a otras formas menos frecuentes, como saltar pequeñas alturas con el
palo sujeto a la espalda.
El salto del pastor es una actividad de deambulación por medio de una palo
grande, lanza o garrote, con el fin de salvar los desniveles y accidentes del
terreno. Su práctica se conoce en todas las islas.
Existen diversos tipos de saltos y técnicas para realizarlos. Los tipos más
comunes de saltos son a apoyar y deslizarse por la lanza, cuando la altura que
se salva es menor que la altura de la lanza; a regatón muerto, cuando se salta
al vacío. La técnica más empleada es la de apuntar con el regatón a un lugar,
apoyar y deslizarse con las manos, manteniendo éstas una con la palma de la mano
hacia arriba, el brazo extendido y cerca de los muslos, y la otra sosteniendo el
palo en su extremo superior con el brazo flexionado; se busca que el cuerpo
rápidamente se adose al palo, de manera que mantenga durante toda su ejecución
el equilibrio, por ello se recomienda que las puntas de los pies deben caer muy
cerca del regatón (caer a plomo).
También se conocen otros juegos derivados del uso de la lanza, que demuestran el
dominio de esta herramienta por parte de los pastores.
Salto de vara
El salto de vara es un juego aborigen desaparecido sobre el que se conoce muy
poco. La única referencia que ha llegado hasta nosotros se debe a Abreu
Galindo(1602) cuando nos cuenta las costumbres de los pobladores de Lanzarote y
Fuerteventura:
«Eran muy ligeros en saltar, y era su principal ejercicio. Tomaban dos hombres
una vara larga, uno por un cabo y otro por el otro cabo, y alzaban los brazos
con la vara, lo más alto que podían; y el que lo saltaba, tenían por más ligero.
Y así dos y tres en hilera, y había hombre que los saltaba en tres saltos, sin
parar».
Es muy posible que esta práctica se realizase en otras islas, siempre unida a la
fiesta, tal y como mencionan ambiguamente Scory y Espinosa, a finales del siglo
XVI. Respecto al tipo de salto, parece ser una especialidad reservada a unos
pocos.
Juegos tradicionales difundidos
Las Islas Canarias, por su geografía, han sido un reducto para algunos juegos
que han perdurado en el tiempo y nos muestran todavía actividades que se
realizaban en el medievo, como los casos de la pelota-mano y la pina; por contra,
otros juegos son relativamente recientes, como el arrastre de ganado y el
levantamiento del arado. En general, este grupo de juegos canarios se derivan
del fenómeno de difusión cultural europeo, con algunas excepciones.
Pelota-mano
El juego de pelota-mano es una de las ramas del viejo jeu de paume que se ha
conservado en la isla de Lanzarote hasta la actualidad. Lo más llamativo de esta
circunstancia es que la pelota-mano ha logrado mantener las antiguas formas de
los juegos de pelota.
La llegada de la pelota-mano a nuestras islas pudo deberse a la influencia
normanda del primer momento de la conquista de las islas por Jean de Bethencourt,
en 1402. En la Crónica bethencouriana se cuenta cómo a Bethencourt le
acompañaron en su segundo viaje 80 hombres de guerra, de los cuales 23 llevaron
a sus mujeres.
Precisamente, Gadifer, el capitán que contrata Bethencourt para la conquista,
fue un buen jugador de pelota, pues se le cita, en 1372, como ganador de una
partida de jeu de paume al duque de Borgoña, a quien le ganó 31 francos de la
época. No obstante, este juego también era parte de la cultura castellana, lo
cual permitió su asentamiento.
El primer dato del juego en Canarias lo encontramos en Teguise (Lanzarote) en
una escritura de 1616, donde se menciona la venta de unas casas que están junto
a un juego de pelota. También se presume que la calle Pelota, del antiguo barrio
de Las Palmas, debe su nombre a haberse jugado en ella, apareciendo ya citada
esta denominación en el plano de Agustín del Castillo, en 1686.
Se ha conocido la práctica de este juego, además de en Lanzarote y Gran Canaria,
en Fuerteventura, La Palma y Tenerife, si bien en esta última isla de manera muy
localizada.
El juego de pelota-mano consiste en devolver la pelota, golpeándola con la mano,
antes de su segundo bote, que proviene del otro campo, o en su caso, pararla
(atajarla) con la mano o con el pie, para que no siga su curso. Se intenta ganar
terreno al otro equipo, marcando con una raya el lugar donde salió la pelota o
pudo ser parada. El espacio de juego es alargado, limitado solamente por los
laterales. En el fondo del saque existen dos piedras denominadas cabo de bote,
una sobre cada línea lateral que describirá una línea imaginaria. Las
dimensiones del espacio son de 60-70 pasos de largo, por 8-9 de ancho.
El campo de juego se divide en dos partes que separan a los dos equipos por
medio de una raya denominada raya de falta; por tanto, limita el campo de saque
del campo del resto. En el campo de saque se ubica el bote, que es un artefacto
diseñado para efectuar el saque. La forma de puntuación es a faltas o puntos
(15, 30, 40...) y a rayas, contabilizándose hasta un máximo de dos. La raya se
marca con el dedo en la tierra junto a la raya de falta. Cuando se consiguen
todos los puntos de un juego se contabiliza un chico. El conjunto de cinco
chicos constituye un pajero. El número más habitual de jugadores es de cinco
contra cinco, aunque también pueden jugar cuatro o seis por bando.
Pina
La pina es una de las ramas de otros juegos constituidos por los actividades de
palo o bastón. Sus antecedentes se encuentran en el juego de la crosse, del que
ya existen evidencias en miniaturas francesas del siglo XIV y más remotamente en
la antigua Grecia.
La entrada del juego de la pina en Canarias tuvo que deberse a la difusión del
juego de la chueca, que era una manifestación lúdica común en la España
peninsular ya en el siglo XV. Rodrigo Caro recoge una mención de Diego de Guadix,
en 1593:
«Chueca llaman en algunas partes d'España a cierto troçuelo pedacillo de madera
(menos redondo que la bola) con que antiguamente jugaron los árabes en España y
juegan oy en día los labradores en Castilla».
Las primeras referencias que se conocen de la pina en Canarias son un poco
tardías y corresponden al siglo XIX. Fernández Castañeyra menciona el juego de
la pina asociado a la fiesta en 1884:
«En la plaza, los días de fiesta, luchas y juegos de pelota y pina».
La práctica de la pina, hoy desaparecida, se conoce, además de en Fuerteventura,
en Tenerife, La Palma y en El Hierro, aunque se presume que su práctica pudo
abarcar a todo el Archipiélago.
Bethencourt Alfonso (1912) dedica un pequeño relato a la pina en Tenerife:
«Un número indeterminado de mozos armados de cayados o estacas, se dividen en
dos bandos con fuerzas iguales, para situarse en un llano en dos filas paralelas
ocupando en extensión lineal un centenar de varas más o menos. Lucha cada bando
porque llegue a estacazos la pina o séase una bola de madera, el uno al extremo
izquierdo del recorrido señalado y el otro extremo derecho para ganar la
partida».
La referencia a la pina de Diego Cuscoy en su obra Folklore infantil (1943)
muestra el paso de un juego de adultos a un juego de jóvenes.
Hasta donde conocemos, la pina fue un juego de labradores, cuya esencia
consistía en llevar la pina, o pelota de madera, a golpes de palo hasta el fondo
del campo contrario, mientras el otro equipo lo impedía y lo intentaba, a su
vez, respecto al otro campo; los choques eran constantes y era un juego
reservado a los hombres; el inicio y continuación del juego tras cada tanto se
hacía desde el centro del terreno, que en el caso de El Paso (La Palma) tenía un
pequeño agujero (aturridero); se limitaban los laterales pero desconocemos su
trazado, sí en cambio los fondos que eran con líneas; la terminación del juego
dependía del momento del día, de la luz... La fabricación de la pelota se
realizaba con un trozo de pino, o de raíz de brezo, que se trataba de redondear
para el juego; los palos eran ligeros, de unos 50 cms. de longitud, con cierta
curvatura en su extremidad opuesta al agarre; el material podía ser de madera de
almendrero o de pino. .
Vela Latina
El origen más remoto de la vela latina se sitúa en el uso del velamen o
superficie de vela triangular. La procedencia de este tipo de embarcaciones fue
el Mediterráneo, aunque este tipo de vela también se conoce en otros pueblos del
Pacífico. La embarcación que podríamos situar como el punto de partida de la
vela canaria es el falucho, y sobre todo el laúd, de menores dimensiones, en
torno a los siglos XVIII y hasta el s. XIX.
Nuestro interés se centra en las pequeñas embarcaciones que cubrían la
navegación costera, o de cabotaje, que eran las encargadas de las faenas de la
pesca, ya que la vela canaria se caracteriza por un bote pequeño, que oscila
entre los 8,55 m. a los 5,5 m. de eslora, rápido, ágil, capaz de maniobrar en un
corto espacio gracias al diseño de su vela.
La primera referencia a la vela latina, como pugna competitiva, corresponde
justo al inicio de este siglo, como cuenta el Diario de Las Palmas:
«(...) día 24, a las doce, regatas de botes a vela, desde la Puntilla hasta el
Muelle de San Cristóbal, donde se adjudicará la victoria la embarcación que
llegue primero a este último sitio».
A partir de esta fecha se suceden con continuidad las referencias en la prensa.
Son legendarios los primeros botes de la saga Tomás Morales, Porteño, Tirma...
En Canarias existen dos modalidades del mismo deporte: la que se practica en
Gran Canaria, que se conoce como vela latina, y la que se practica en Lanzarote,
que se denomina barquillos. Las diferencias entre ambas residen en el tamaño de
los botes, que actualmente es de 6,55 m. de eslora (Gran Canaria) y de 8,55 m. y
5,50 m. (Lanzarote); también en el recorrido de las embarcaciones, ceñida (Gran
Canaria), en un campo de regatas fijo definido desde la Central Térmica (marfea)-Boyón
de la Campana del Puerto de la Luz y de Las Palmas, mientras que en Lanzarote se
compite principalmente en un campo de regatas convencional.
A la tradición de la vela deportiva en Gran Canaria, que se comprueba por su
continuidad contrastada y por la organización de campeonatos que ocupaban
diversos momentos del año, se sumó Lanzarote al comienzo de los años ochenta,
que así rescataba las antiguas regatas de embarcaciones a vela de San Ginés de
1904; en la actualidad, también Fuerteventura realiza regatas de barquillos.
La tripulación puede variar, según la modalidad, llegando hasta diez componentes
para el caso de Gran Canaria; recibe cada uno de ellos distintas denominaciones.
Bola canaria
La bola canaria es una manifestación más del grupo de juegos de la familia de la
bocha. Nos encontramos ante uno de los juegos documentados más antiguos, del que
ya se tiene constancia en el antiguo Egipto.
Este juego se difundió desde la Península, pero no hay certeza acerca del
momento de su entrada en Canarias. Probablemente, este juego tenga, como el
juego de pelotamano, ya una raíz francesa y prácticamente a la par también
castellana. Para reafirmar la primera hipótesis, diremos que en las Islas son
los conejeros, o lanzaroteños, los jugadores más afamados y considerados
tradicionalmente de más calidad. Respecto a la segunda hipótesis, diremos que el
juego de bolas era una de las manifestaciones lúdicas más populares en la España
peninsular del siglo XV.
Lanzarote representa el punto de mayor tradición del juego de la bola. Los
antiguos jugadores atribuyen el origen del juego a esta isla, manteniendo que el
juego siempre se difundió a otras islas de la mano de conejeros. Se practica, y
se ha practicado este juego en Tenerife, Fuerteventura, pero posiblemente se
jugase también en otras islas. Las mejores bolas se consideraban las de madera
de palo blanco, que se utilizaba también para los dientes de molino, y que eran
encargadas en La Palma.
El juego consiste en lanzar una bola desde el rayo, o marca de partida, con el
objetivo de aproximarse lo más posible a una bolita, o boliche, con el mayor
número de bolas disponibles del propio equipo. Los jugadores actúan a turno,
decidiendo qué componente del equipo debe lanzar.
La partida es a 12, siendo habitual jugar más de una. El número de bolas es de
12, repartiéndose, en el caso de tres para tres jugadores, dos bolas cada uno.
Las bolas de un equipo se diferenciaban de las de otro por la presencia, o no,
de una raya; también, en otros casos, de una tacha o pequeño clavo. El sistema
de juego es denominado tres las dos mejores, o lo que es lo mismo: gana el
equipo que primero llega a dos victorias.
Sin embargo, a pesar de que no cambia de manera sustantiva el juego, la
principal diferencia con el juego de bolas reside en la calidad o material con
que está hecha la bola. En Lanzarote se defiende la madera, en contra de la bola
de pasta, que está también muy difundida. Los viejos jugadores defienden la bola
de madera porque obliga a un juego más difícil, en el que es más costoso
embochar, al ser la bola más ligera y con algo de menor volumen.
Carreras de caballos y sortijas
Existe una gran afición en Canarias a las carreras de caballos y sortijas, al
igual que ocurre en otros lugares de España. Las carreras de caballos despiertan
pasión en aquellas localidades donde se organizan. Tradicionalmente, las
carreras de caballos se desarrollan por los caminos, sin refinamientos pero con
una gran dosis de participación.
a) Carrera de Caballos
El origen de la carrera de caballos, de forma organizada, lo podemos situar en
las costumbres peninsulares del siglo XV usuales en las fiestas, donde
participaba la nobleza ante el pueblo. En Canarias, la referencia más antigua
que conocemos corresponde a la ordenanza del Cabildo de Tenerife de 1527, con
motivo de las fiestas que se organizaron en La Laguna por el nacimiento del rey
Felipe II.
«Habrá un palenque en la plaza de San Miguel de los Angeles, donde se han de
sentar el Adelantado, el regimiento y caballeros. Correrá parejas la nobleza, y
para socorrer se pondrán trece varas de raso o de damasco, repartidas por el
orden siguiente: el primer caballero que llegare al pario ganará seis varas; el
segundo, cuatro; el tercero, tres; y todos habrán de correr en caballos y no en
yeguas, empezando desde el camino de San Lázaro hasta dicha plaza».
Esta práctica se ha mantenido en las islas de La Palma, Tenerife y Gran Canaria.
En La Palma, prácticamente se corren carreras de caballos en todas las fiestas
de los municipios del norte, se proyectan en los bares vídeos de carreras, se
cruzan apuestas... Las carreras se realizan en un recorrido que oscila entre
2.600 y 3.200 metros, en los alrededores de una localidad, y normalmente
terminan con la llegada en la calle principal. El jinete monta a pelo, es decir,
sin silla, lo cual hace que la monta sea más espectacular. La indumentaria del
jinete no es especial, se viste ropa habitual. El recorrido suele ser en
pendiente hacia arriba, con el fin de evitar las caídas, aunque éstas son
inevitables; se corre sobre asfalto, aunque esto se debe considerar una
innovación.
En Gran Canaria ocurre algo semejante a La Palma. La mayor parte de las
localidades de las medianías de la isla tienen incorporada a sus fiestas esta
manifestación. La carrera de caballos es un verdadero espectáculo que implica a
participantes y público. La carrera se organiza por parejas, y es única para los
dos caballos, no superando las 4 ó 5 parejas; los animales son jóvenes. El
recorrido suele ser con ligera pendiente hacia arriba y de esta manera se evita
el peligro de caída. Un juez se desplaza en un automóvil delante y a distancia
del caballo, abriendo paso a la vez que va anunciando quién viene, así como la
marcha de la carrera. El público se sitúa a lo largo del recorrido, de
aproximadamente 2 a 3 kms. La salida tiene lugar en las afueras de la localidad,
mientras que la meta se ubica en la entrada al casco principal de la localidad,
si bien en algunos pueblos se invierte este orden. La vestimenta del jinete
también es la habitual; en Gran Canaria se emplea la silla,en algunos casos lo
que es motivo de pugna entre los participantes para ver si se es capaz de montar
a pelo.
En Tenerife, también se corren carreras de caballos en la zona norte de la Isla,
aunque no tienen la vigencia de La Palma y Gran Canaria, organizándose por
iniciativa de las comisiones de festejos de las localidades. Se continúa la
tradición en La Laguna cuya referencia histórica más importante como siempre son
las Fiestas del Cristo.
b) carrera de sortijas
El origen más remoto de la carrera de sortijas, o de cintas, como también se le
conoce, hemos de situarlo, probablemente, en una evolución de los torneos
medievales y de los antiguos juegos florales, todo ello tomando como punto de
confluencia la fiesta, que resultaría el aglutinante.
La primera referencia corresponde a la misma ordenanza de 1527 de La Laguna
(Tenerife), por la que se tiene la primera noticia de la carrera de caballos:
«(...) Se jugarán cañas. Se correrá sortija y habrá doce varas de damasco o
raso, (...)».
La continuidad de la carrera de sortijas hemos de darla por supuesta, al menos
en las fiestas del Cristo de La Laguna, aunque no disponemos de referencias
hasta finales del siglo XIX. En esta época también encontramos la carrera de
sortijas en el paseo de los Castillos (Gran Canaria); en Puerto Naos
(Lanzarote); y en Puerto de la Cruz (Tenerife). La tradición en la denominación
de carrera de cintas proviene de las cintas con que eran obsequiados los
participantes que conseguían ensartar una anilla; estas cintas eran lucidas por
los jinetes sobre su cuerpo en posteriores competiciones. En Tenerife se
mantienen las carreras de sortijas en diversas localidades del norte. Estas
carreras son organizadas en torno a la fiesta.
Para correr las sortijas los jinetes lo hacen siguiendo un turno previo
establecido por un jurado, debiendo mantener el galope, o el galope corto, para,
al pasar bajo un estructura compuesta por dos postes verticales sobre el que
descansa otro horizontal, ensartar una anilla o sortija que está suspendida de
una cinta de color con un palo corto (20 cms.) de punta afilada. La cinta se
encuentra enrollada al poste horizontal por medio de un carrete, con el objeto
de que no exista la posibilidad de enganche. Se cuenta el número de sortijas
recogidas por cada jinete, deshaciéndose el empate con nuevas carreras,
solamente entre aquellos caballos igualados. Las sortijas deben pincharse
limpiamente, no siendo válido pinchar la cinta. Cada varias series, o pasadas,
se reponen los carretes que lo necesiten. La altura del poste horizontal puede
alcanzar de 2,50 a 3 m., aunque dependerá de la altura de los caballos
participantes.
Arrastre de ganado
Esta manifestación corresponde a la difusión de la cultura castellana, dado que
el ganado de este tipo no existía en las islas antes de la llegada de estos
pobladores. En realidad, la primera referencia que conocemos sobre el arrastre
de ganado en Canarias, pero como labor rural, es la que corresponde a Abreu
(1602), en la que cuenta el uso en la isla de La Palma de una corza, o artefacto
para el transporte, el cual se mantiene en el actualidad:
«(...) no se sirven con carretas de bueyes, sino con un madero de dos gajos,
como horqueta, que llevan arrastrando por el suelo, y encima llevan una carga
que los bueyes pueden tirar, al cual madero llaman corza en lenguaje portugués,
(...)».
Los antecedentes del arrastre de ganado corresponden a la pugna por medir las
yuntas. Tenemos conocimiento de que a finales del siglo XIX existieron distintas
pugnas por trasladar piedras pesadas con las yuntas en San Mateo (Gran Canaria).
En Tenerife, en San José de Los Llanos, la forma de pugna se caracterizó por no
existir peso límite, comprobar el espacio recorrido y la fijación de un tiempo
límite de arrastre. El comienzo del arrastre de ganado en la isla de La Palma
fue igualmente producto de la pugna, acordándose una distancia, y aumentando el
peso paulatinamente; aunque quizá el hecho más significativo sea el uso de la
canga en vez del yugo y el frontil, como artefacto adaptado al cuerpo y cuello
de la yunta para ejercer sobre él la fuerza de los animales.
El punto de partida del arrastre de ganado con un carácter lúdico, organizado y
competitivo aparece por primera vez en 1938, en las Fiestas del Cristo de La
Laguna, llegándose, incluso, a redactar un breve reglamento.
Una distinción que caracteriza el actual arrastre de ganado, y que le otorga un
componente deportivo, es la de no permitirse castigar al animal.
El arrastre de ganado es una modalidad deportiva consistente en la
cumplimentación de un recorrido de 70 m. en el menor tiempo posible, por parte
de unas reses que arrastran un peso muerto sobre una corza, con la ayuda de un
boyero que se sirve de una vara. El concurso de arrastre de ganado es una
competición entre yuntas de bueyes, toros o vacas, separados en tres categorías.
En la actualidad, se realizan concursos de arrastre en las islas de Tenerife y
Gran Canaria, así como exhibiciones en el resto.
Levantamiento de arado
Esta práctica procede de la necesidad del traslado de un lugar a otro de las
artes del campo y, a su vez, de la tendencia a medirse, unida a la creencia de
que la fuerza es algo bueno y beneficioso para el trabajo rural. Esta práctica
es una creación, por lo que se puede considerar un juego difundido
El origen de esta práctica se debe a D. Matías Hernández, agricultor de la
localidad de Telde (Gran Canaria), que a principios de este siglo, en sus
momentos de ocio, levantaba su propio arado. Un personaje muy destacado de la
lucha canaria de su época, el Faro de Maspalomas, fue el principal difusor de
esta manifestación.
La difusión de este tipo de levantamiento se realizó a través de las
competiciones de lucha a lo largo del Archipiélago. En los años 60, Hermenegildo
Ramírez, Brazo de Hierro, también lo practicó asiduamente. Más tarde, en los
años 70, el conocimiento del levantamiento del arado se generaliza, siendo
practicado por algunos luchadores continuadores de la tradición.
El levantamiento del arado es una prueba y demostración de fuerza, consistente
en levantar un arado solamente con la intervención de los brazos hasta la
vertical, mantenerlo en equilibrio y descenderlo, después, hasta la horizontal,
mantenerlo de nuevo durante un tiempo, introduciendo finalmente un giro completo
para mostrarlo al público. La maniobra más costosa y difícil es el descenso del
arado, debido a que es necesario frenar el largo brazo de palanca que constituye
este artefacto. El arado puede variar, dando lugar a diferentes tipos tanto en
medida como en su peso. La medida aceptada es entre 4,25 y 4,75 metros; el peso
depende de los accesorios del arado, pero algunos pueden alcanzar los 100 kilos.
Se distinguen distintas partes del arado: cabeza, timón, yugo, guigar, frontiles
y reja.
En la actualidad, el levantamiento del arado forma parte de las fiestas de
algunas localidades, sobre todo en la isla de Gran Canaria.
Tablas de San Andrés
Nos encontramos ante una práctica lúdica muy peculiar que se celebra, a modo de
fiesta, todos los años en la localidad tinerfeña de Icod de Los Vinos.
Las tablas de San Andrés es un juego de vértigo, consistente en deslizarse calle
abajo sentado sobre una tabla. Recibe, en parte, su denominación por la
festividad de San Andrés que coincide con esta curiosa práctica.
El origen de esta manifestación pudo estar en el transporte de maderos de un
aserradero que existió en la parte alta de Icod ya en el siglo XVI. Esta
práctica evolucionaría a la fiesta, coincidiendo con la aparición del vino nuevo
a finales de noviembre, festividad de San Andrés. También se baraja la hipótesis
de la difusión de la corsa que todavía se conserva en Funchal (Madeira) y con la
que se echan calle abajo.
Como en la mayoría de las fiestas, el día más importante para la corrida de las
tablas es la víspera. El vino nuevo es el centro de la fiesta, constituyendo el
motivo de reunión y la bodega el punto de charla con los amigos que acuden a
festejar el día. En Icod, las calles tradicionales para el arrastre son las de
San Antonio, del Salto, el Plano y Hércules.
La tabla tiene las dimensiones justas para ser ocupadas por el individuo
sentado; el tablón es mucho mayor, pudiendo llegar a albergar a 10 ó 12
personas. El tablón puede ser incluso la hoja de una puerta antigua. Las maderas
que se emplean son preferentemente de tea de pino, fundamentalmente por su
dureza y resistencia. La tabla se prepara adaptándola al apoyo delantero de los
pies (traviesa), limando sus aristas delanteras para evitar cualquier roce que
suponga freno, cruzando traviesas para fortalecer los bordes o la parte trasera,
con el fin de proteger al ocupante de posibles choques de otra tabla. Para que
la tabla se deslice mejor se le echan distintas sustancias en la parte inferior,
como sebo o grasa de animal, aceite o cera de vela.
También se conoce otra modalidad semejante en Fuencaliente (La Palma), en la
fiesta de El Pino de la Virgen, que consiste en una carrera de duelas, o tablas
con forma convexa, formadas por parte de las maderas que componen un barril o
tonel. Esta carrera consiste en deslizarse por una ladera de monte sobre el
pinillo o pinocha.
Los cacharros
Esta manifestación está relacionada estrechamente con las tablas de San Andrés,
pues es coincidente con la festividad de este santo y con la zona donde se
realiza, Puerto de la Cruz.
El origen de esta práctica es muy oscuro. Las explicaciones son fruto de la
leyenda. Se cuenta que el objeto de correr cacharros era hacer ruido para
ahuyentar a la langosta; también que como San Andrés era cojo, llegó «borracho»
y cargado de cacharros días después a su fiesta; o que San Andrés se quedó
dormido y hubo que despertarlo con el ruido de los cacharros que los niños
habían colgado de sus ropas. O quizá, que para limpiar los toneles con agua
salada se hacían rodar por las pendientes hasta la costa y de ahí el ruido.
Esta actividad consiste en tirar de una soga o alambre a cuyo extremo se
encuentran atados diferentes objetos, que varían desde latas de refrescos, hasta
electrodomésticos, bañeras, chatarra... De esta manera se configura una larga
serpiente de hojalata, cuyos objetos arrastrados por niños y adultos producen
mucho ruido, que precisamente es lo que lo distingue.
El Calabazo
El calabazo es una manifestación derivada de la labor de riego de los campos y
de la necesidad de salvar los desniveles de las terrazas que forma el terreno.
Se denomina calabazo por el artefacto empleado para el riego, que en otro tiempo
estuvo constituido por una parte de una gran calabaza que se ajustaba al final
de un largo palo. Esta práctica se localiza solamente en el Valle de Aridane (La
Palma). La referencia más antigua que se conoce del riego con calabazo data de
1868 en una carta registrada, teniendo constancia de que el canal de aguas donde
se utiliza comenzó a construirse en 1555.
A pesar de su escasa tradición como juego, no podemos sustraernos al fenómeno
sociológico que representa la organización de una actividad deportiva rural
surgida de las viejas pugnas circunstanciales entre las parejas de calabaceros.
En cuanto al origen del calabazo, como artefacto de labor, parece tener su
principal influencia en la cultura portuguesa, que tuvo cierta relevancia en La
Palma. En la actualidad, esta práctica se conoce en Portugal, aunque sin
carácter lúdico.
La primera noticia de la práctica del calabazo con un carácter lúdico organizado
es reciente. Anteriormente, se sabe del uso de la pugna puntual entre las
parejas que extraían el agua, que se medían entre sí a ver quién aguantaba más.
El paso de actividad de riego a juego, se origina por el celo del propio
trabajo; por un lado, se trataba de regar con la mayor cantidad de agua en un
tiempo limitado de riego; y, por otro, el hecho de que los calabaceros actuasen
por parejas dejaba evidencia de quién no aguantaba el ritmo del otro, suponiendo
esto motivo de comentarios.
La técnica de ejecución es muy depurada y se divide en cuatro fases: llenado,
recorrido del calabazo hasta la regadera, descarga y retroceso.
En la actualidad, el calabazo está presente en las fiestas de Argual, en Los
Llanos de Aridane. En los certámenes de juegos tradicionales se compite en ver
quién realiza mayor número de movimientos sin derramar el calabazo, o también en
llenar antes un depósito de 500 litros.
La Billarda
Este juego de muchachos se practica entre dos parejas, cada una de las cuales
tiene un palo de un metro de longitud y cuyo instrumento de juego es la
billarda, o trozo de madera de 15 a 20 cms. El espacio de juego está compuesto
por dos porterías en forma de herradura de un diámetro aproximado de 80
centímetros y separadas unos 10 pasos. Los antecedentes de este juego se
remontan a la Edad Media, donde era un juego estructurado y muy popular, como
conocemos por el Libro de Apolonio (anónimo) y las Cántigas a la Virgen (Alfonso
X el Sabio), ambas obras del siglo XIII. Por otra parte, en la versión de juego
de muchachos, en la actualidad lo encontramos como juego tradicional en otras
regiones españolas como la chirumba (Salamanca) y la toña (Aragón).
Es un juego de equipo, en el cual cada jugador se empareja con un oponente, y se
ubica en cada portería. Así, si en una portería se encuentra un defensor con un
palo y un adversario con la billarda, en la otra portería el compañero del que
posee la billarda sin nada y el adversario con otro palo.
Se trata de golpear el palito que es lanzado por el oponente de enfrente y, en
caso de golpearlo con la billarda, realizar carreras de ida y vuelta.
Las porterías están defendidas cuando el palo se coloca en contacto con el suelo
dentro de la herradura de piedras, siendo vulnerable si no existe este contacto
y al intentar los poseedores de la billarda introducirla en la de enfrente,
teniendo los defensores de las porterías las siguientes opciones:
1.ª Permanecer con el palo en suelo de la portería hasta un máximo de tres
veces.
2.ª Golpear la billarda, con dos posibilidades: permanecer en la portería o
intercambiar simultáneamente sus posiciones entre las dos porterías cuantas
veces puedan, contabilizándose un punto cada vez que pican con la vara o paleta
dentro de la portería contraria y propia, hasta que los poseedores de la
billarda van a recogerla y consiguen introducirla en la portería lanzándola o
depositándola, cambiando a continuación la posesión a la pareja contraria y
contabilizándose los puntos.
La partida finaliza cuando una pareja llega a doce tantos o un número estipulado
de partidas. Si en algún momento la portería queda al descubierto, y el palo no
se encuentra en contacto con el suelo y el jugador que posee la billarda la
deposita dentro, hay cambio de papeles.
La Lucha del
Garrote
La lucha del Garrote es un
auténtico legado aborigen, es una práctica heredada de los antiguos
canarios que la utilizaban como defensa ante los frecuentes ataques e
invasiones, así como en los enfrentamientos que entre ellos se producían
por asuntos de robo de pasto y ganado principalmente.
También existen datos de que hacían exhibiciones de esta práctica en
celebraciones y fiestas. Como el resto de las armas aborígenes fueron
prohibidas y perseguidas después de la Conquista, aunque se siguió
utilizando como instrumento de pastoreo. Para la lucha se requieren
aspectos como la fuerza, la coordinación de movimientos, la velocidad de
reacción, la agilidad, los reflejos, el autocontrol, la seguridad en sí
mismo.
Reglas y reglamentos:
El único instrumento necesario para practicar este deporte es el
garrote. El garrote puede ser largo, mediano o corto, pero se puede
decir que el tamaño normal es el de la estatura del luchador. El grosor
del garrote debe ser aproximadamente lo que abarque la mano.
Partes del Garrote
Se pueden diferenciar tres partes:
1.La punta que suele ser el extremo
más delgado del garrote y el que está más cerca de la mano derecha si el
luchador es diestro.
2. La burra que es la parte central
del garrote.
3. El regatón que suele ser el
extremo más grueso y el que está más cerca de la mano izquierda si el
luchador es zurdo.
Descripción: La Lucha del Garrote se convierte en arte cuando
además del dominio de la técnica, se es capaz de vencer al contrario sin
hacerle daño, puesto que se da cuenta de que el enemigo no se le tiene
enfrente sino que está entre nosotros mismos. No debemos entrenar con el
objetivo de" ser el mejor "sino concretarnos en nosotros mismos, sentir
que nuestro cuerpo se mueve, e intentar relajarnos para poner nuestra
imagen en blanco. El perder o ganar carece de importancia. Al contrario
no se le busca para hacerle daño, viéndose en él un compañero con el que
progresar mutuamente.
Las técnicas más conocidas de La Lucha del Garrote son: cruzado arriba,
cruzado abajo, despejar, el vareo, encachado, remo, etc. La Lucha del
Garrote tiene una Agrupación, configurada en diversas " Pilas "
distribuidas en diversos municipios de Gran Canaria, donde tienes
posibilidades de aprender y conocer con mayor profundidad este tipo de
actividad autóctona.
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